El colegio de Cali que decidió enfrentar el matoneo

El colegio de Cali que decidió enfrentar el matoneo

Por:  | 8:01 p.m. | 28 de Marzo del 2012

Colegio José María Carbonell enfrenta la intimidación escolar
Colegio José María Carbonell enfrenta la intimidación escolar

Colegio José María Carbonell enfrenta la intimidación escolar.

Foto: Archivo particular

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Desde hace cuatro años un centenar de estudiantes son mediadores.

La niña llegó llorando a casa porque en un colegio de Cali su nombre se lo habían cambiado por uno masculino. No quería regresar al colegio y renegaba de su identidad.

Un adolescente, en otra institución, se declara acosado por sus compañeros que le rechazan porque su voz se apaga debido a una sinusitis.

Estas y otras historias hablan de intimidaciones en las aulas locales, pero en el colegio José María Carbonell, en el popular barrio Cristóbal Colón, decidieron no dejar solos a los estudiantes con esa presión que en términos modernos se conoce como bullying, matoneo, intimidación escolar o ‘montada’, como le llaman los muchachos.

Cuando se presenta un brote de pelea aparecen numerosos niños y jóvenes con chalecos azules, en cuyas espaldas se lee la palabra ‘mediador’. El paso siguiente es subir al segundo piso hasta una mesa de madera, contigua a la rectoría, alrededor de la cual se abre un diálogo para encontrar un acuerdo o una salida al conflicto.

El remedio tiene una política de ‘rebaja de sanciones’, toda vez que un agresor admite su responsabilidad en lastimar u ofender a otro estudiante.

El rector del Carbonell, Arturo Morales, es el mentor de esta iniciativa que ha reducido las riñas en los últimos cuatro años. De un promedio de 10 peleas semanales, se bajó a tres y hoy casi no hay peleas.

El modelo lo estructuró bajo parámetros de que entre iguales es más sencillo remediar un conflicto. “En este caso, los mismos estudiantes, más que los que no somos iguales, como los docentes que estamos por fuera de ese conflicto”, dice Morales.

El equipo de mediación hay un centenar de muchachos, entre los años, contra el acoso escolar o ‘bullying’, un fenómeno con tal presión que puede causar daños psicológicos entre los estudiantes, rumbo a la deserción o hasta al ataque físico.

El Rector recuerda que la idea surgió en el 2007, cuando el colegio llegó a matricular unos 1.500 estudiantes, pues en esa época amplió su capacidad y llegaron incluso algunos estudiantes con problemas de indisciplina de otros centros educativos.

Angie Osorio, una escolar, dice que en esa época ante la aparición de conflictos entraron en acción los primeros mediadores. Ella ha aprendido en esa misión que los agresores pueden tener problemas en sus hogares o que su mal comportamiento se debe a bajo rendimiento académico.

Daniela Giraldo, de 15 años, narra que se dirimió una pelea entre dos estudiantes, un joven y una alumna, la cual había trascendido al punto de que una pandilla rondaba el plantel. “Los escuchamos y de ellos mismos partió la solución”, añade la adolescente del grado 10.

“A mí me ha servido ser mediador. Yo era indisciplinado y ahora he mejorado mucho”, interrumpe Antonio Rosales, de 17 años. Mientras que  Juan Camilo Sepúlveda cuenta que “cuando me metí de mediador, en el salón donde yo estaba, había tantos problemas que hubo seis mediadores”.,

El rector anota, además, que estos muchachos han recibido capacitación de unas 30 horas sobre derechos humanos, mediación, comprensión del conflicto, comunicación, cooperación.
Seaplica una especie de “rebajas de penas” que llevadas al escenario escolar son opciones para quienes mejoran su conducta. Hay padres de familia que valoran la tarea. Lida Lozano, madre de Valentina Hernández, de 13 años, quien también es mediadora, cree que “el programa ha tenido tal impacto en los hogares y hasta en el entorno”.

La Secretaría de Educación de Cali, al igual que el alcalde Rodrigo Guerrero, aplauden estas iniciativas que buscan construir y cimentar valores desde las instituciones educativas.
Al principio, en el Carbonel eran 50 mediadores de bachillerato, pero el proceso se duplicó al extender el proceso a los niños desde tercer grado.

Ese centenar de alumnos tienen edades que van de los 10 a los 17 años. En la sede principal del José María Carbonell estudian los más grandes y los 50 restantes en las sedes alternas Honorio Villegas e Isabel de Castilla.

Ellos se sienten, de algún modo, superhéroes, cuya consigna es la de defender la justicia y la de lograr que las diferencias se superen para mantener la convivencia, la tolerancia y el respeto.

“Hemos aprendido con este proyecto a manejar las emociones y los sentimientos”, anota Daniela Narváez, del curso 11-4.

“Pero en mi caso, ser mediadora me ha ayudado a ser menos tímida. Es chévere”, opina Mayerli Naranjo, de 16 años.

Ahora la consigna es atacar el acoso escolar.

Redactado. Obtenido a las 8:01 p.m. | 28 de Marzo del 2012 de – http://www.eltiempo.com.co

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